Fiestas de Aranjuez - Año 1986.

En castellano y como Dios manda.

1986 es el año de la OTAN, ya saben, que de entrada «no». Los españoles votaron en referéndum y salió que sí. España seguía integrándose en el mundo. Tras la Comunidad Europea, entrábamos en la OTAN para disgusto de aquellos que pensaban en una invasión yanqui que nos cambiaría hasta los andares.

Cartel San Fernando 1986

Pero no fue el caso. Los ribereños festejaban a su patrón en castellano y vestidos como Dios manda. La teatralidad impregnaba ya el cartel anunciador de la Feria del Motín, que en 1985 contó con Juan Barranco como Amotinado Mayor. Barranco era el alcalde que había tomado el testigo de Tierno Galván, muerto meses antes concitando las condolencias de todo el pueblo de Madrid, que se echó a la calle para despedirle.

Cartel Motin 1986

A correr el encierro.

Las corridas de toros y los encierros -¡ábranse en abanico!, gritaba la megafonía- seguían abarrotan­do los incómodos tendidos de la Plaza de Toros de Aranjuez. Los más jóvenes no recordarán siquiera el corto pero emocionante recorrido de los encierros ribereños, que arrancaban en la zona alta de Stuart (a la altura de La Venta) para seguir por Calandria y girar en Almíbar embocando ya la puerta grande de la Bicentenaria.

Encierros 1986

Los ribereños, ataviados con redecillas, madroñeras y alpargatas, asaltaban la casa del choricero con palos, horquillas y antorchas, guiados siempre por la persona interesada del Tío Pedro. En 1986, la representa­ción del Motín de Aran juez todavía tenía lugar en el Patio de Armas de Palacio. Hizo falta un puñado de años para que el espectáculo cambiara de ubicación y se trasladara a la Plaza de Parejas, que hoy sigue siendo el escenario en que se recrea la historia que tuvo a Aranjuez y a los ribereños como protagonistas de excepción.

Goyescos
Toreros
Kiosko del mercado

Iconos de modernidad.

Las fiestas de Aranjuez seguían contando con los grupos y artistas más trasgresores, iconos de una moder­nidad que resultó tan revolucionaria como efímera. Así eran los años 80, sobre todo en una ciudad como Aran­juez, hasta donde llegaban los efluvios de la capital. Junto al trío femenino Objetivo Birmania, en el escenario de la Plaza de Toros de Aranjuez hacían su aparición estelar el abanico y la falda tableada de Miguel Bosé, el amante bandido con que soñaban todas en la época.

Miguel Bosé

Después de la verbena, a echar unas copas en los bares del entorno de la Plaza de Toros, que se iba convirtiendo en la principal zona de ocio de la ciudad. Las peñas disfrutaban de las fiestas desde que Dios amanece y los niños compraban cromos y golosinas en el carrillo de la plaza. Las bandas de tambores recorrían el centro con sus pasacalles y los mejores jinetes y amazonas se daban cita en el Concurso Nacional de Saltos Hípicos.

Pruebas de hípica
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